¿Cómo hemos afrontado el coronavirus a nivel psicológico?
Puede que mucho dependa de cuánto se tarde en controlar la situación a nivel mundial, cuándo aparezca la famosa vacuna y cómo comience a distribuirse. Sin embargo, hasta la fecha un cambio es claro: la percepción de la seguridad. En nuestra sociedad gozamos del desapercibido privilegio de vivir sin guerras, volcanes, terremotos, hambre y hasta hace poco, contagios descontrolados.
Esta pandemia es un recordatorio de muchas cosas: de cómo nuestro ritmo de vida está marcado por la producción económica, de la importancia del contacto humano, de la solidaridad de unos y el lucro de otros y para mi sobre todo, de los mecanismos psicológicos que ponemos en marcha ante situaciones graves.
De los memes al papel higiénico:
Es fácil recordar cómo hasta principios de marzo llovían bromas en forma de mensajes, fotos y videos sobre este “catarro”. Cómo todos parecíamos inmunes a él y para nada nos preocupaba. Incluso el presidente de la OMS hacía alguna chanza al respecto. ¿Quiere decir que somos unos psicópatas? Más bien tuvimos una respuesta colectiva muy defensiva, ya que la broma puede verse como el resultado de diferentes mecanismos de defensa:
Negación: Bloqueamos eventos externos aversivos para que no formen parte de la consciencia. ¿Wuhan? ¿Estado de emergencia? No sé de qué me hablas.
Formación reactiva: Controlamos una idea dolorosa dándole un giro de 180º y convirtiéndola en algo más agradable. Ante la amenaza del contagio la ridiculizamos para operar sobre ella.
Regresión: Respondemos con un patrón de comportamiento que corresponde a grados de madurez anteriores. Cuando nos pidieron quedarnos en casa, respondimos como cuando de pequeños veíamos un cartel de “no tocar”.
El humor fue el primer instrumento que pusimos en marcha colectivamente. No porque no nos importen las vidas de los demás. De hecho, por todo lo contrario: como nos preocupan demasiado no queremos imaginar un escenario donde las perdemos a gran escala. Por eso cuando tomamos conciencia de lo que supone un colapso sanitario, metafóricamente nos cagamos en los pantalones. No es de extrañar que saqueásemos papel higiénico y no paracetamol o harina.
Del «conmigo no va la cosa» a hervir la ropa:
Se estima que un elevado porcentaje de personas pasaremos por el virus, y aunque a la mayoría no nos supondrá un problema, nos preocupa la idea. Aquí comenzamos a tirar del otro mecanismo psicológico: el control ilusorio. Llevar un amuleto, tener un arsenal de papel en el armario, no respirar cuando pasamos cerca de alguien en el súper, hacer caso del último gurú que hemos visto en un vídeo, estar constantemente enganchados a los datos… nada de eso evita el contagio, pero nos hace sentir que podemos hacer más de lo que hacemos. La sensación de control es precisamente lo que falta en situaciones traumáticas y aquello que hay que restituir cuanto antes. Sin embargo, tenemos que ser conscientes de que el control lo tenemos quedándonos en casa, extremando las precauciones cuando salimos y manteniendo una correcta higiene. Más allá de estas medidas podemos pasarnos de rosca y caer en riesgos para nuestra salud.
Los sesgos cognitivos, esos viejos conocidos:
El cerebro recibe incontables cantidades de información a cada instante. Procesarla toda es un derroche de recursos que no nos podemos permitir, así que recurrimos a “trampas” que nos facilitan la labor aunque de manera imperfecta. A esto lo llamamos sesgo cognitivo, y son cotidianas y pequeñas distorsiones de la realidad. Hay muchos tipos, algunos más estudiados que otros, y en esta crisis se están poniendo en juego casi todos. Por poner algunos ejemplos:
Sesgo de actor-observador: Tendemos a explicar los comportamientos de los demás por su personalidad, mientras que nuestros comportamientos los justificamos por factores sociales y ambientales.
Ejemplo: Si nos asomamos a la ventana y vemos a alguien con un carro de la compra vemos al “lísto” que está paseando sin motivo. Si bajamos nosotros, es que nos hemos quedado sin algo importante.
Moraleja: Sal a la ventaja a tomar el aire, deja a la policía hacer su trabajo.
Sesgo de disponibilidad: Creemos que los datos que tenemos a mano confirman nuestras suposiciones en todos los casos o son aplicables a cualquier situación.
Ejemplo: Si los datos que tenemos a mano son solo el número de contagiados y muertes por covid 19 todo se reduce a eso.
Moraleja: Ten en cuenta el peso que tiene esto sobre los autodiagnósticos que te puedas hacer. Mantén la calma.
Sesgo autorreferencial: Nuestra percepción es algo subjetivo. No vemos los colores igual, ni la misma música nos parece lo mismo a todos. Al filtrar la realidad aportamos algo nuestro.
Ejemplo: Cuando filtramos todas las noticias sobre contagios y muertes, aportamos también que necesariamente nos va a pasar (o nos ha pasado sin enterarnos).
Moraleja: Aunque te lo parezca, y no sea nada malo, no eres el epicentro del contagio.
Sesgo de confirmación: Es la tendencia a dar más peso a aquellos indicios que confirman nuestras ideas.
Ejemplo: “Tengo tos, seguro que es coronavirus”.
Moraleja: Toma las precauciones necesarias, pero recuerda todas las veces que toses habitualmente y no te genera señal de alarma.
Sesgo retrospectivo: Se da después de que algo ocurra. Tendemos a modificar el recuerdo y la opinión que teníamos antes de que eso pasara.
Ejemplo: ¿Cómo pude quedar con mis amigos a principios de marzo si el primer caso llegó a España el 31 de enero?
Moraleja: En cada momento hacemos lo que creemos que es lo mejor, y lo que nuestros mecanismos de defensa nos permiten. Piensa que el pasado tiene que servir para mejorar el futuro.
Quizás aún necesitamos que pase un poco de tiempo para poder comenzar a mirarlo desde la perspectiva histórica, sin embargo, la Psicología puede decirnos mucho sobre el pasado, presente y futuro de cómo afrontamos esta situación.
Lo que sin duda pasará es que dentro de unas semanas nos contaremos una historia a nosotros mismos: lo que sintamos dependerá en gran parte de qué historia nos contemos.
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