Nuevas masculinidades y terapia feminista

Para construir nuevas masculinidades y una terapia feminista hemos de atender al desarrollo psicológico de las personas. Este está marcado por múltiples factores, que van desde la más estricta genética hasta elementos ambientales, pasando por la influencia de los sistemas familiares, sociales, económicos y culturales.

En el marco de la perspectiva de género la psicología tiene que asumir la responsabilidad de incorporar visiones y abordajes que permitan alcanzar la igualdad.

Nuevas masculinidades

La necesidad de pensar en unas nuevas masculinidades está cada vez más presente desde hace décadas. Como esta forma de repensar en la masculinidad tradicional no es algo nuevo, hay quien habla de masculinidades híbridas o masculinidades alternativas y no utiliza tanto el término nuevas masculinidades.

Desde luego es un campo sembrado de un debate muy fértil que cuenta con férreas defensas y críticas a partes iguales. Sin embargo hay una práctica unanimidad acerca de los efectos que el modelo de masculinidad normativa tiene sobre las mujeres, personas LGTBI+ e incluso los propios hombres y su salud mental.

Aunque hablemos de nuevas masculinidades no perdemos de vista que los aspectos nocivos que generan las masculinidades normativas son mucho mayores que el precio que se paga por ellas. No obstante, para desarmarlas, resulta necesario analizar qué ocurre con el modelo tradicional, también entendido como modelo hegemónico. Uno de los aportes principales de las nuevas masculinidades consiste en visibilizar cómo la normatividad hace que el sufrimiento no solo se proyecte hacia el exterior de los hombres:

Nuevas masculinidades y terapia feminista

Desde una perspectiva feminista centrada en alcanzar la igualdad de género, analizamos el rol de género que cumple la presunción de vigor. Es un elemento central en la conformación de la estructura psicológica de los hombres. Resulta importante ver cómo los factores ambientales-sociales interjuegan con los individuales-psicológicos de manera sincrónica:

La presión grupal, más cuando hablamos del grupo de iguales en el desarrollo evolutivo, orienta las conductas, los pensamientos y nuestro inconsciente hacia lo normativo y esperable: la tendencia al riesgo y la orientación a la competición se encuentran íntimamente ligadas, se retroalimentan y guardan relación directa con el sufrimiento psicológico.

Por el otro lado, la censura emocional dificulta transitar determinados estados sentimentales y por ende orienta hacia la búsqueda de la autosuficiencia. Al vivir en interdependencia y encontrarnos con la prohibición de recurrir a los demás la experiencia más leve es la frustración, pero con frecuencia encontramos cuadros depresivos de tipo narcisista secundario.

Todas estas formas de sufrimiento suelen venir mediadas por otras formas de afrontamiento-evitación desadaptativas que no hacen sino mantener la problemática: consumo de sustancias, incapacidad para desarrollar trabajos de cuidado intra e inter-personal, mala gestión de los celos, ejercicio de violencia de género, etc.

Terapia feminista

La terapia feminista entiende que los mandatos de género son los grandes olvidados en las teorías psicológicas y sus paradigmas. Como el resto de disciplinas científicas, la Psicología ha sido investigada por hombres, en sujetos principalmente masculinos con una perspectiva que nunca ha puesto en duda de manera rigurosa cómo la construcción del género influye a diferentes niveles. Paradójicamente, la mayoría de personas que acuden a las consultas psicológicas y ejercen ésta profesión son mujeres.

Desde los primeros abordajes de la histeria hasta nuestros días, vemos cómo las terapias tradicionales no terminan de ayudar a las mujeres.

Existen numerosas lagunas de conocimiento que quedan desatendidas cuando obviamos la psicoterapia feminista. Estos vacíos pueden ser tan sutiles como la normalización del amor romántico hasta la culpabilización de las víctimas de abuso sexual. Por supuesto que el abanico es muy amplio y podemos hablar de la presunción de una familia nuclear, la heterosexualidad como norma, la identidad de género cis por defecto, no cuestionar que tener peques es una decisión, etc.

En la psicoterapia con perspectiva de género, ya sea para trabajar sobre nuevas masculinidades en varones o empoderamiento en mujeres, se trata de visibilizar problemas normalizados e invisibles, identificar fortalezas y reescribir la historia personal. Terapeuta y paciente trabajan conjuntamente para desenmarañar estos conflictos al tiempo que se se tienden puentes para un mejor entendimiento.

Como indican Rawlings y Carter, las diferentes maneras de enfocar una terapia feminista y con perspectiva de género tienen en común:

  • Dar peso al ambiente como generador de patología en mujeres.
  • La necesidad de asumir responsabilidades individuales para cambiar.
  • Sororidad como vehículo de comprensión.
  • La importancia de construir nuevas masculinidades.
  • Buscar la autonomía de las mujeres.

Esta serie de en la actualidad existen múltiples referentes cuyos abordajes teóricos tienden puentes entre la mirada feminista y la psicología y el psicoanálisis, como pueden ser Nora Levinton o Emilce Dio Bleichmar. Sus propuestas para las prácticas psicoterapéuticas son la suma del estudio riguroso de la psique humana acompañado de la perspectiva de género.

El calado de estos determinantes tiene tal magnitud que es altamente recomendable acompañar la deconstrucción de la masculinidad normativa con un proceso psicoterapéutico personal, profesional y capacitante.

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